Cuando un saxofón enciende sueños: así nace Sol de Jazz
Por: Raquel Ortega / @raquelortegard
Hay ideas que pasan… y hay otras que se quedan haciendo ruido por dentro hasta que alguien las dice en voz alta. Esta historia es de esas.
Todo comenzó en la experiencia de Berklee College of Music en Santo Domingo. Entre clases, risas y conversaciones sin mucha formalidad, el saxofonista Axel Pérez Ortega soltó una idea que parecía simple: formar una banda de jazz.
No era un plan estructurado, ni una propuesta elaborada… era más bien una intuición, una corazonada. Y alguien escuchó. Y otro también.
Así empiezan las cosas que de verdad importan.
Sebastián Dolores (baterista), Leury Haffet (vocalista) y Axel Pérez Ortega (saxofonista) —junto a Anderson Sánchez (percusionista), Cristian Prado (pianista), Abel Ventura (bajista) y Sheyla Rodríguez (vocalista), músicos que hoy completan este sueño— no tardaron en convertir esa chispa en acción.
El 1 de febrero se reunieron por primera vez. No fue un ensayo perfecto. Hubo pausas, risas, desorden… pero también algo difícil de explicar: conexión. De esa que no se ensaya, que simplemente ocurre.
Después, el 14 de febrero, mientras muchos celebraban el amor con flores, ellos lo celebraban con notas musicales.
Sin grandes expectativas, sin presión, se lanzaron a su primera presentación. No fue impecable, pero fue honesta. Y a veces, eso vale más.
Porque Sol de Jazz no nace desde la perfección, sino desde la verdad.
También hay que decirlo: ningún sueño crece solo. En el camino aparecieron figuras que no solo enseñan música, sino que dejan marca:
- Josean Jacobo, con su guía cercana y su forma de vivir el jazz.
- Ivanna Cuesta, con esa mirada que impulsa a ir más lejos.
- Michel Camilo, referente que recuerda hasta dónde se puede llegar cuando el talento se toma en serio.
Ellos no solo inspiraron... acompañaron.
Y quizás ahí está lo más valioso de esta historia: no se trata solo de una banda que nace. Se trata de jóvenes que decidieron no esperar condiciones ideales.
Que entendieron que en lugares como la provincia Duarte y el Cibao, donde el jazz no siempre tiene protagonismo, también se puede crear, proponer y resistir desde el arte.
Sol de Jazz es eso: un intento valiente. Un “vamos a ver qué pasa” que ya está pasando.
Y uno, como espectador, solo puede hacer dos cosas: aplaudir… y quedarse atento. Porque cuando una historia empieza así —tan humana, tan real— lo más probable es que apenas esté comenzando.
Sol de Jazz no es solo música. Es señal. Es inicio. Es luz. Y cuando la luz viene del arte… siempre encuentra a quién iluminar.



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